15 May 2014

El Autor

Es un entusiasta de la web 2.0 y del marketing 360º. Vive en Madrid y sus pasatiempos son jugar al Squash, volar en Paramotor. "El storytelling me parece la forma más efectiva de comunicar".

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British Open Tour 2

May 14th

BO Tour

Mi casa de Airbnb, donde se suponía que iba a tener unos anfitriones excepcionales, me salió rana. Nada de lo que había imaginado ocurrió. Me esperaba encontrar a Natalie y a Nick esperándome con los brazos abiertos pero sólo estaba Nick, con cara de cansado, listo para darme todas las instrucciones de la casa en tres segundos y en un inglés cerrado como una lata de atún. Entendí lo que pude, me metí en el cuarto y, pastilla de por medio, me dormí. Hoy de mañana el café estaba servido en la mesa de la cocina; unos bizcochos sin grandes pretensiones, una botellita tipo las de leche viejas, pero más chica, con un jugo de naranja de caja, otra botellita idéntica con leche y el café Illy en una lata con la cafetera al lado para servir a gusto. Como si fuera un viejo amigo de la casa, me dejaron solo y se fueron. Así empezó el día en Hull.

Me encantaría describirles a Nick y a Natalie, pero sólo tengo la descripción, devaluada por el cansancio, de Nick; es un tipo de unos treinta y pico de años, pelos rubios revueltos por la almohada que acababa de abandonar involuntariamente y de pocas palabras. La mayor parte de su discurso fue relacionado a cómo había que hacer para cerrar bien la puerta; aparentemente otros huéspedes habían tenido problemas con el pestillo cuando tenían que cerrarla y, Nick, claramente dejó entrever que no entendía porqué una maniobra tan simple como levantar el pestillo y girar la llave al mismo tiempo podían haber sido un motivo de problemas. Puse cara de –no se puede creer- y terminó el trámite de la bienvenida. No los he vuelto a ver. Ahora estoy metido en la cama, escribiendo estas líneas, y no sé si están o no están. No he visto señales de vida.

Cuando ya estaba en el cuarto, anoche, me acordé de pedirle la clave del WiFi a mister dicharachero, por suerte antes que subiera y se metiera en su habitación/cueva de osos que queda a 10 centímetros de la puerta de mi habitación/refugio. El baño es compartido. Lo digo así de rápido porque al lector le podría venir un vahído si me explayo mucho sobre esto. Hice todo lo que un ser humano tiene que hacer en la Universidad de Hull, que es donde se juega el British Open. Para colmo, la bañera de la casa es de las antiguas, una especie de zapato blanco, sin cortinas, con unas canillas enormes y un teléfono (canilla) para echarse el agua encima. Pero no tengo ni idea dónde están los trapos para secar el piso. A ver, en mi casa, con bañera y cortinas mojo el piso, ¿cómo voy a hacer para bañarme en una bañera estilo hotel de los cowboys sin mojar y sin saber cómo secar? No hay bidé, por lo que cualquier otra explicación sobra. Me baño en los vestuarios del club y lo que haya que hacer se hará en el baño del club. Punto.

El Nick me explicó cómo llegar a la universidad. Al salir de casa ve hacia la izquierda, en la primera avenida hacia la izquierda nuevamente, todo recto hasta que en una avenida grande debes tomar hacia la izquierda pero enseguida a la derecha hasta otra gran avenida, ahí a la izquierda y después recto hasta que te encuentres con la universidad. Me parece que el torneo se juega del lado de atrás de la universidad, tendrás que cruzar toda la universidad hasta el fondo.

Le agradecí pero me bajé el camino por Google Maps. Tenía razón, pero sin Google Maps no hubiera llegado jamás. El universidad está a unos 35 minutos caminando.

Mi partido estaba marcado a las 14.40. Un poco para saber cómo era el camino y ver las canchas, y su pudiera me movería un poco, me fui un poco más temprano. Llegué al club a las 9.30 de la mañana.

Me inscribí en el –tournament office-, recibí mi camiseta del torneo, los pases que se cuelgan del cuello para poder circular libremente tanto en la universidad como en el Hull Arena que es donde juegan los buenos de verdad, y me fui a ver los cuadros, los horarios, y la gente que estaba empezando a jugar. Había también canchas de entrenamiento. Unos españoles tenían una cancha reservada y pude entrar a pelotear con ellos. Me sentía bien, aunque cansado. Creí que ese movimiento matinal me iba a sacar los últimos restos de Jet lag que me pudieran quedar. Y lo hicieron, hasta cierta medida.

Me compré remeras del British Open, busqué alguna mochila para llevar raquetas pero no encontré nada de lo que quería, comí porquerías, tomé coca colas, miré partidos, imaginé a mi contrincante, esperé que el tiempo y el aburrimiento pasaran lo antes posible.

A eso de la una y media me fui a caminar, desanduve una parte del camino andado hacia la universidad y después lo anduve de nuevo. No sé para qué pero creí que me sacaría el cansancio.

A las 14.40 finalmente llegó la hora.

Podría hacer este cuento larguísimo, pero no. Me ganó. Perdí el primero, gané el segundo, gané el tercero, perdí el cuarto y yendo 7 a 5 arriba, perdí 9 a 7. ¿Qué me faltó? Esa pequeña fuerza que hace que uno gane y otro pierda. Me faltó ese restito, no apareció.

Me senté después del saludo típico inglés, -cheers mate- y me quedé como media hora mirando a ninguna parte, sentado detrás de la cancha, sudando, pensando en nada.

Aproveché después de todo este rollo del squash para hacer todo lo necesario para no necesitar el baño de mi “hogar”, y me tomé un shuttle a Hull Arena a ver a los –monstruos-.

Alejandra me comentó que Federer quedó eliminado en primera rueda en Roma. Me alivió.

¿Mañana? Pues mañana tendré que jugar el plate, que es un campeonato pero de los perdedores de la primera rueda. Iré, porque el squash forma parte del paisaje de mi vida pero de una forma mucho más libre y moderada que antes. Yo no jugaba ronda de perdedores jamás, lo consideraba una auto humillación. Si pretendía jugar y ganar torneos profesionales, no podía aceptar jugar ronda de perdedores, me decía a mi mismo. Hoy, por el contrario, cualquier partido de squash me parece una oportunidad para divertirme. Lo que si valoro es sentirme bien dentro de la cancha, ganar o perder, pero siempre haciéndolo con “gracia”; en inglés queda mejor: to win or to lose with “grace”.

(continuará)

1 Comentario
1 Comentarios
  1. Raul. Me parece que esta bem instalado, nao????

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