14 May 2014

El Autor

Es un entusiasta de la web 2.0 y del marketing 360º. Vive en Madrid y sus pasatiempos son jugar al Squash, volar en Paramotor. "El storytelling me parece la forma más efectiva de comunicar".

Compartir

British Open Tour

May 13th

B.O. tour

El periplo comenzó en el Aeropuerto de Carrasco donde coincidí con la histórica partida del presidente Mujica a los Estados Unidos. En realidad, no llegué a verlo personalmente, ni a él ni a su comitiva, vi si a algún periodista que me sonaba de la televisión.

Mi vuelo salió adelantado. Aunque suene raro en la aviación esto puede ocurrir, cuando todos los pasajeros de la lista de pasajeros están abordo, no es necesario esperar. Ese fue el caso. Salimos con media hora de adelanto. Esto hizo que mi espera en Ezeiza se estire media hora más, media hora más de aburrimiento para después entrar en un avión que es un tubo lleno de gente, que sale disparado como un torpedo a una velocidad cercana a la velocidad de la luz, cargado de combustible, con una presión atmosférica artificial que es equivalente a 2800 metros de altura, a 11 kilómetros de distancia de la tierra firme, y todo dura 12 horas.

Mientras yo salía hacia el otro lado del charco, Mujica salía hacia el norte, pero esta vez el norte mismo. Se iba a reunir con Obama. Ni Nostradamus hubiera acertado este futuro tan loco. Un ex guerrillero que estuvo 14 años preso ahora va como presidente de Uruguay a reunirse con el presidente de Estados Unidos para discutir temas de interés común. No sé qué temas podría haber de interés común, qué le dirá Mujica a Obama, qué le dirá Obama a Mujica, lo que sí estoy seguro es que el traductor de Mujica corre serio riesgo de perder la cabeza. ¿Cómo va a traducir la forma refranera de hablar del presidente más pobre del mundo? ¿Cómo se traduce -buey sólo bien se lame-?

Mientras pensaba estas cosas y otras de menor importancia, mi avión había despegado y esperábamos alcanzar la altura de crucero para la comida, el último gran evento antes del largo silencio hasta la península ibérica.

Debo decir, porque nobleza obliga, que el viaje fue muy bueno; el avión moderno, la atención correcta, y la gente, salvo los caminantes nocturnos de siempre, estuvo muy tranquila. Llegamos a Madrid media hora antes de lo previsto. El vuelo de ida, por la influencia de la rotación de la tierra, siempre va con viento a favor y el vuelo dura 11.30, mientras que la vuelta, dependiendo de la fuerza del viento en contra, puede llegar a demorar hasta 13h.30.

Sorprendentemente logré dormir gran parte del viaje. Bueno, no tan sorprendentemente porque me tomé una pastilla para dormir, pero la realidad es que no tuve sensación de –viaje largo-, salvo por lo aplanado que quedó mi lado del asiento.

El primer día no hice nada de deporte, me dediqué ver el partido del Atlético de Madrid contra el Málaga que terminó empatado uno a uno. El aleti, como se le dice cariñosamente, es el cuadro más parecido a la selección uruguaya; le puede ganar a cualquiera pero puede perder con cualquiera, también. El gol que le hizo el Málaga fue una especie de mamarracho propio de liga de cebollitas. Saltan los jugadores a cabecear una pelota que parece caída de Saturno, nadie le da a la pelota, como si estuvieran jugando a otro juego quedan dos defensas y el arquero tirados mientras uno del Málaga la toca de cabeza y la pelota entra perezosa al arco del local. Después vino la remontada y finalmente terminaron empatados, pero lo increíble es que el Madrid perdió contra el Levante, y Barza empató con Elche; el Aleti salía campeón de la liga si ganaba por la mínima diferencia… y empató. Es como Uruguay, cada partido hay que jugarlo con el corazón el la boca y la calculadora en la mano.

Me muero por saber ¿cómo le está yendo a Mujica en Estados Unidos? O, mejor dicho, ¿cómo le estará yendo al intérprete de Mujica? ¿habrá metido mucho refrán?

Madrid pasó volando, estuve dos días, me entrené los dos días y ahora estoy en el tren rumbo a Hull.

Los trenes ingleses son increíbles. No en el sentido hiperbólico de la palabra increíble sino -de no creer-. Tiene pinta de viejos, estoy sentado de espaldas. Es decir mi cuerpo va sentado en una mesa mirando hacia Kings Cross que es la estación donde tomé el tren, y mi espalda mira hacia Hull que es hacia donde me dirijo para jugar el Abierto Británico de Squash (categoría master, obvio).

El viaje dura 2 horas y media y el pasaje me costó 100 libras. En eso también el adjetivo increíble encaja justo. Pero bueno, aquí estoy yendo marcha atrás hacia Hull con mi maleta, mis raquetas y mi mochila que es una especie de casa rodante donde llevo todo lo que si se perdiera quedaría perdido yo también.

A título de comentario nomás, decirles que cada vez que llego a Inglaterra se despiertan en mi una serie de sensaciones encontradas, ni buenas ni malas, pero muy características de –cuando llego a Inglaterra-. Los ingleses son particulares, no tienen sistemas estandarizados como otros países. Por ejemplo, en toda Europa la gente conduce por el mismo lado pero aquí no. Ese es el rasgo más sobresaliente pero hay miles de –rasguitos- menos sobresalientes que abundan en cada paso que uno vaya a dar; las monedas, las monedas del Reino Unido son sin lógica europea alguna, son todas diferentes, raras, las más chicas pueden valer más que las grandes, no se ven los números, están escritos en letras o de tal forma que no se pueden leer en el apurón, y cuando de monedas se trata todo es con apurones, ¿no?

–Two pounds, thiry six cents, please- te dice la cajera del quiosco de la estación de tren mientras que vos intentas que no se caigan las raquetas, mantener la mochila entre las piernas, no largar la maleta grande y todavía hay que descifrar las monedas que están en el bolsillito chico del bolsillo de la derecha del vaquero. Cuando finalmente logras sacarlas del mini bolsillo, te das cuenta que ahí sólo hay euros y centavos de euro, que son una moneditas marrones despreciables por su valor comparativo con los –pounds-.

Como tenía unos 20 minutos hasta la salida del tren y pensé que lo mejor sería comer algo en la estación antes de viajar, me puse a buscar restaurantes donde me pudiera sentar porque todos los restaurantes de la planta principal son -take away-. Después de un rato encontré que estaban en el segundo piso y cuando me disponía a subir la escalera mecánica con la maleta, las raquetas y la mochila, una mujer virtual, como si me estuviera viendo, me dijo: – no se puede subir por la escalera mecánica con maletas, ve por el ascensor por favor-. Me quedé parado como una estatua frente a la escalera, al principio no sabía cómo reaccionar, pero después retrocedí y busque el ascensor. La mujer virtual, al ver que le hacía caso, me hizo una guiñada y un gesto breve con la mano como diciendo, -no te preocupes, no pasa nada-.

Cuando iba hacia el tren después de comer una pizza margarita bajé por el ascensor para evitar la participación de la azafata virtual. Pude, sin embargo, ver como le estaba hablando a un señor con un turbante hindú, como si fuera un sik, con una enorme valija frente a la escalera mecánica.

Ahora sigo en el tren marcha atrás hacia Hull donde mañana debutaré en el British Open de Squash. Veremos qué particularidades inglesas nuevas descubro en Hull, qué tan feo o lindo es el lugar, que tan movido está el British Open este año, y que tal Airbnb.

Si, viendo lo difícil que me resulta aprender las costumbres inglesas, decidí quedarme en una casa de Airbnb. Pero no la casa entera para mí, tomé una habitación de una casa de familia. Son un matrimonio joven que alquila una habitación (con baño, espero) para personas que prefieren una casa familiar a un hotel. Como hay grandes chances que después de unas horas en el club donde se juega el torneo me aburra y quiera comer en algún lugar bueno, bonito y barato, Natalie y Nick, mis anfitriones, podrían ser de gran utilidad para orientarme; y de esta forma no me sentiré solo en una ciudad desconocida. Son las nuevas tendencias económicas de los tiempos en que nos toca vivir; se llama consumo colaborativo. Quien tiene algo que no está usando, como una habitación, una bicicleta o un lavarropas, hoy en día lo puede alquilar a un precio conveniente para ambas partes. Un toque más humano, un elemento más personal en las transacciones comerciales. Algo que siempre estuvo vació de humanidad ahora está lleno.

(continuará)

Sin comentarios
Deja un comentario

Recibe directamente los últimos Posts

Populares Recientes Comentarios