22 Jun 2013

El Autor

Es un entusiasta de la web 2.0 y del marketing 360º. Vive en Madrid y sus pasatiempos son jugar al Squash, volar en Paramotor. "El storytelling me parece la forma más efectiva de comunicar".

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Economía Estrella de Mar

Cuando hay agitación en todos los rincones del mundo y las protestas se esparcen de Norte a Sur y de Este a Oeste; cuando no hay un movimiento detrás ni se puede identificar una cabeza al frente de las asonadas, podemos decir con cierta confianza que estamos ante un fenómeno de “estrella de mar”.

Cuando Cortez llegó a Tenochtitlán, hoy México, preguntó quién estaba a cargo. El emperador Moctezuma, aún turbado por la duda de si habían llegado enemigos o la encarnación de Quetzalcóatl, como advertían los sacerdotes, lo recibió. Cortez no anduvo con vueltas, de entrada le hizo saber que no había venido de vacaciones, que directamente había cruzado el océano en busca de oro y, como los Aztecas no le daban otro valor al oro que el ornamental, Moctezuma accedió al pedido sin reparar que aún así lo matarían.

La fácil destrucción del imperio Azteca se debió a que este tenía una cabeza, Moctezuma, y un palacio donde se concentraba todo el poder en un solo lugar y en una única persona.

Los españoles recogieron todo el oro a voluntad con éste cuestionable pero efectivo método: ubicar las cabezas de los imperios y aplastarlas, estrangularlas o descuartizarlas sin el menor remordimiento. Los imperios, como las arañas, cuando se les aplasta la cabeza, mueren.

Envalentonados por los vientos favorables de sus éxitos militares y económicos, los conquistadores rápidamente fueron hacia el Norte, hoy Estados Unidos.

Siguiendo la receta del éxito, al llegar a la tierra de los Apaches, preguntaron sin dudar quién estaba a cargo. Pero la respuesta los desorientó. No había nadie a cargo. Ni tenían un palacio donde podrían ubicar al mandamás. Vivían en carpas y cuando el tiempo se ponía feo, las levantaban y se ubicaban en un lugar menos hostil. Los Apaches tenían un orden diferente en su estructura jerárquica. Se parecía más a la de una estrella de mar que a una araña; sin cabeza y cuando se la secciona en cuatro da lugar a cuatro nuevas estrellas de mar. Tenían lo que se llama Nantams, una suerte de líderes a los que la gente seguía si su causa valía la pena, no por obligación. Pero no había una estructura jerárquica donde un general o un emperador acumulara el poder.

Los españoles no pudieron con esta estructura; mataban a un Nantam y rápidamente aparecía otro. Podía desaparecer el líder pero no la causa. Los españoles fueron expulsados de los territorios dónde reinaban los Apaches y perdieron gran parte de la zona norteña de México.

Este tipo de estructura sin jerarquía es la misma que vemos en el movimiento global de los indignados, tanto en España, Estados Unidos, Túnez, Egipto y ahora en Brasil. No hay cabezas visibles, no son arañas, son estrellas de mar. Cuanto más se combaten crecen en número. Un fenómeno que no conocíamos previamente.

Abraham Maslow (1908-1970) dijo una vez: “cuando la única herramienta que tenemos es un martillo, tenderemos a ver todo con forma de clavo”.

Les dejo el discurso de Robert Kennedy hace 40 años sobre nuestra fórmula de medición de la prosperidad económica y los invito a sacar sus propias conclusiones:

“Demasiado y durante demasiado tiempo, parecía que habíamos cambiado la excelencia personal y los valores de la comunidad por la mera acumulación de cosas materiales. Nuestro producto nacional bruto, ahora, es mayor de $800 millardos de dólares al año, pero ese producto nacional bruto —si juzgamos a Estados Unidos por ello— ese producto nacional bruto cuenta la contaminación del aire y la publicidad de los cigarrillos, y las ambulancias que borran la carnicería de nuestras carreteras. Cuenta las cerraduras especiales para nuestras puertas y las cárceles para las personas que las rompen. Cuenta la destrucción de la secuoya y la pérdida de nuestra maravilla natural en la expansión caótica. Cuenta el napalm y cuenta las ojivas nucleares y los coches blindados de la policía para luchar contra los disturbios en nuestras ciudades. Cuenta el rifle de Whitman y el cuchillo de Speck, y los programas de televisión que glorifican la violencia con el fin de vender juguetes a nuestros hijos. A pesar de ello, el producto nacional bruto no permite medir la salud de nuestros hijos, la calidad de su educación o la alegría de su juego. No incluye la belleza de nuestra poesía o la fortaleza de nuestros matrimonios, la inteligencia de nuestro debate público o la integridad de nuestros funcionarios públicos. Tampoco mide ni nuestra inteligencia ni nuestro valor, ni nuestra sabiduría ni nuestro aprendizaje, ni nuestra compasión ni nuestra devoción a nuestro país, en definitiva mide todo, salvo lo que hace que la vida valga la pena. Y nos puede decir todo sobre Estados Unidos, excepto el por qué estamos orgullosos de ser estadounidenses”.

¿Estaremos midiendo bien la prosperidad económica? ¿Riqueza por riqueza o riqueza por felicidad? ¿Parece raro que haya indignación en el mundo?

1 Comentario
1 Comentarios
  1. Excelente artículo….MB reflexión!!!

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