14 Ago 2013

El Autor

Es un entusiasta de la web 2.0 y del marketing 360º. Vive en Madrid y sus pasatiempos son jugar al Squash, volar en Paramotor. "El storytelling me parece la forma más efectiva de comunicar".

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El buen líder

El libro – From good to great- de Jim Collins hace algunas revelaciones que podrían ser de utilidad para desgranar los secretos que giran en torno de un buen líder.

Collins y su equipo dedicaron 5 años en estudiar aquellas empresas que pasaron de ser –buenas- a ser –grandes- empresas. Las mejores en su categoría. El liderazgo resultó ser uno de los factores determinantes de la transformación.

Un rasgo común es que los grandes líderes presentan la siguiente dualidad:  son –humildes- y tienen una –determinación- incansable para alcanzar sus objetivos.

Humildes, no como un factor de debilidad sino como resistencia a exponerse a los flashes del éxito. En ese punto hace referencia al modelo del –espejo y la ventana-. Cuando hay algo que rectificar o reconocer como errado se miran al espejo y se apuntan a sí mismos como los últimos responsables. Cuando se trata de analizar los éxitos miran por la ventana para señalar a los responsables de haberlo alcanzado. Buscan los méritos en los demás.

Determinados en sus creencias. Son brutalmente ambiciosos con respecto a la causa, empresa o país, no buscan el éxito personal. Abraham Lincoln es el modelo sobre este aspecto. Para lograr que los Estados Unidos alcanzara una constitución más justa, cargó sobre sus hombres la muerte de cientos de miles de jóvenes soldados en la guerra de secesión.

Otro concepto relevante es sobre los líderes carismáticos. Éstos producen grandes cambios en las empresas o países que conducen, pero cuando se van, en general, el alto rendimiento de desploma con su ausencia. Es el caso del director general de Chrysler, Lee Iacocca, quién llevó a cabo la mayor reconversión industrial de los Estados Unidos, pero cuando se fue Chrysler de desplomó como una bolsa de papas.

Por el contrario, los grandes líderes han sido aquellos menos carismáticos, incluso aquellos cuyos nombres las grandes mayorías no conocen y han logrado que su éxito se plasme más allá de su permanencia en la empresa.

Los gobernantes, en vez de vanagloriarse de sus indicadores económicos y de crecimiento, deberían otorgar méritos a los gobernantes que los precedieron por haber creado las condiciones para que su gestión fuera más fácil.

Me pregunto cuánto de la prosperidad económica que vive el Uruguay en los últimos años debería acreditarse a la gestión del Dr. Jorge Batlle, en vez de recitar como letanías, echándole la culpa, de cada una de las pestes que azotaron su período de gobierno.

Si hoy Uruguay es un país creíble y confiable es por la tozuda voluntad de Batlle en no declarar el default que el Dr. Vázquez tanto insistía como única solución.

El buen líder se verá varios años después de dejar la silla de Presidente.

 

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