14 Dic 2014

El Autor

Es un entusiasta de la web 2.0 y del marketing 360º. Vive en Madrid y sus pasatiempos son jugar al Squash, volar en Paramotor. "El storytelling me parece la forma más efectiva de comunicar".

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LA INSEGURIDAD

El problema de la inseguridad tiene dos grandes vertientes o líneas de pensamiento. Una que adjudica a la psicología del individuo la génesis del delito. La otra que cree que es debido a un factor ambiental.

La primera sostiene que un individuo que crece en una familia desestructurada, sin valores, en un barrio marginal tiene más posibilidades de ser un delincuente.

La segunda cree que cuando las condiciones ambientales están deterioradas, el individuo proclive a la delincuencia delinquirá. Hay varios estudios en que se apoya esta hipótesis. No se puede decir que un individuo es honesto o deshonesto. Todo el mundo puede ser deshonesto si las condiciones lo permiten.

La primera teoría culpabiliza a la sociedad de haberle dado la espalada a un sector de la población con más carencias, motivo por el cual se generan bolsones de marginalidad y delincuencia. El discurso culpabiliza a todos, de alguna forma, de la delincuencia.

La segunda teoría dice que si se permiten las condiciones para la delincuencia, esta ocurrirá. Ésta teoría está basada en el experimento de la “ventana rota” que consistió en dejar un coche sano en un barrio marginal de Nueva York. El coche permaneció tres semanas sin que nadie lo tocara. A la tercera semana le rompieron un vidrio lateral (deliberadamente) y en cinco días el coche estaba totalmente desguazado.

De ahí surge la teoría que el solo hecho de un vidrio roto dio una señal de descuido suficiente como para que aquellos individuos que tienen tendencia a delinquir encontraran un campo fértil, un ambiente apropiado, para saquear el vehículo.

Precisamente cuidando los detalles que estimulaban la delincuencia fue como ésta se controló en la ciudad de Nueva York.

La ciudad de Nueva York empezó a limpiar el metro cada vez que alguien pintaba un grafiti; empezaron a controlar con presencia policial a las pandillas que intimidaban a la gente; empezaron a atrapar a los rateros de baja monta dando una señal que la ciudad no estaba dispuesta a tolerar que una minoría atemorizara a la gran mayoría de ciudadanos honestos. Los ladronzuelos fueron llevados a prisión y las penas se cumplieron a rajatabla. Ya no era tan estimulante ir a robar cuando el costo era tan alto. Como consecuencia, los delincuentes se lo pensaron un poco mejor y dejaron de delinquir. Haber puesto en orden la ciudad desestimuló la delincuencia ocasional, la que estaba poniendo en jaque a toda la ciudad.

En Montevideo, una ciudad de apenas un millón y medio de habitantes no debería resultar tan difícil poner la casa en orden. El solo hecho de haber puesto cámaras en el centro de la ciudad ha corrido a los ladrones a otras áreas. Es probable que si se controla toda la ciudad, el estímulo para robar sea menor y caiga drásticamente la delincuencia.

En resumen, el planteo es que el problema no es sólo que hay gente que sicológicamente está predispuesta a robar, sino que la delincuencia ocurre porque las condiciones de vigilancia no son las apropiadas.

Si se deja que un grupo de muchachos marginales, consumidores de droga, que no trabajan estén sentado en las esquinas durante períodos largos de tiempo, tarde o temprano terminarán encontrando estímulos ambientales que los impulsarán a robar.

No es la mente del delincuente sino el ambiente que lo rodea el que lleva a la delincuencia.

Es la teoría de la ventana rota la que hay que abordar.

Montevideo se ha inundado de mendigos marginales que no trabajan ni quieren trabajar. Con una mente capitalista deciden que el costo beneficio de la mendicidad es mejor que el costo beneficio de trabajar. En ambos se obtiene dinero pero en el segundo hay que esforzarse.

Si Uruguay quiere mejorar drásticamente su seguridad tiene que disuadir a los marginales que no es tan buen negocio vivir de la delincuencia. Tiene que estar más encima de ellos, no dejarlos enquistarse en los barrios. Evitar que los grupos de muchachos ociosos se transformen en bandas de narcotraficantes. Simplemente evitando que el ambiente prospere en tentación.

Simplemente haciendo cumplir las leyes sería suficiente para que no hubiera nadie apoderándose de esquinas, plazas o casas abandonadas en ningún barrio de Montevideo. La vagancia y la mendicidad están penadas por el acuerdo que todos los ciudadanos tenemos suscrito en la constitución.

¿Porqué no se hace?

 

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