22 Jul 2014

El Autor

Es un entusiasta de la web 2.0 y del marketing 360º. Vive en Madrid y sus pasatiempos son jugar al Squash, volar en Paramotor. "El storytelling me parece la forma más efectiva de comunicar".

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Liderar o sucumbir

Fred Kofman es un argentino que da clases en el MIT (Instituto tecnológico de Massachusetts), sus conferencias siempre me resultaron de gran interés y ahora transcribo un artículo suyo que sirve para apoyar la tesis sobre un mundo corporativo más humano.

Como decía Albert Einstein, empieza diciendo Kofman, “no podemos resolver nuestros problemas con el mismo pensamiento que usamos para crearlos”. Necesitamos, por lo tanto, pensar fuera de la polaridad entre centralización y descentralización. Debemos mirar más allá de lo material y enfocarnos en la dimensión sicológica de la existencia humana.

Necesitamos mirar al liderazgo inspiracional como el proceso de alineamiento de los miembros de una organización en busca de un objetivo común.

El liderazgo inspiracional

Definiremos el liderazgo inspiracional como el proceso de obtener de los miembros un compromiso interno para alcanzar la misión de la organización.

Un líder inspiracional busca lo que no puede demandar: compromiso interno en vez de complacencia, entusiasmo en vez de obediencia, amor en vez de miedo. Estos son regalos que se le dan sólo a los líderes que se hacen merecedores de ellos y que devuelven (a quienes otorgan la confianza) un valor equivalente: un propósito (un sentido).

Todos queremos que nuestra vida sea significativa, que tenga un sentido. Queremos ser trascendentes, importar. Los verdaderos líderes apelan a esta sed existencial. Nos proveen una oportunidad para que podamos crear nuestra indentidad, de volvernos alguien de quien nos sintamos orgullosos. Nos permiten alcanzar aquello que aspiramos ser.

Hacen esto por tres vías:

  • Un propósito: el porqué.
  • Los principios: el cómo.
  • El plan: el qué.

El Propósito: el porqué.

Si el líder demuestra que el propósito de la organización es noble, que el trabajo estará conectado con algo grande, más permanente que su existencia material, la gente dará lo major de sí mismas. (Mihali Csikszentmihalyi).

Los grandes líderes saben que antes de entrar en los detalles de –el qué- y –el cómo-, la gente tiene que entender -el porqué-. Porqué el proyecto de la organización tiene sentido, porqué valen la pena el sudor, la sangre y las lágrimas, porqué sus vidas cobrarán más sentido participando en él.

Como argumentó Simón Sinek, los grandes líderes inspiran a la acción a partir del –porqué-. “Abrazamos líderes y organizaciones que son buenas comunicando lo que creen. La habilidad de hacernos sentir que pertenecemos, que nos hace sentir especiales, protegidos y no solos, es parte de lo que les da la habilidad de inspirarnos”.

Los principios: el cómo.

La forma en que alcanzamos nuestro propósito importa. La integridad es fundamental para la paz mental, porque somos seres morales. Nuestra autoestima depende del alineamiento entre nuestras acciones y nuestros valores.

Los líderes inspiracionales sacan un compromiso interno de sus seguidores estableciendo la cultura acertada. La cultura es un conjunto de creencias que la gente sostiene de cómo se hacen las cosas en ese lugar. La cultura es el conjunto de expectativas que los miembros de una organización sostiene sobre cómo hay que pensar y actuar para ser uno más del grupo.

Los líderes establecen estos principios, primero y por encima de todo, por el ejemplo. Saben que nada habla más claro que lo que hacen, especialmente en situaciones difíciles. Es por eso que enfrentan cada desafío como una ocasión para dejar establecido –el cómo-.

Plan: el qué

Para comprometerse a seguir un camino, hay que creer que éste te llevará a tu destino. Adicionalmente a los motivadores emocionales tales como propósito y principios, es necesario tener un fundamento material.

Los grandes líderes transforman la ansiedad en confianza. Le otorgan a los seguidores las razones para confrontar fuerzas abrumadoras. Proveen un plan creíble que posibilita a la organización para que pueda ir desde donde se encuentra a su destino.

La confianza no surge de la afirmación que se será exitoso. Ni los mejores planes aseguran resultados. La gente se siente reforzada por la combinación de una causa noble y principios nobles, que sean motivo de orgullo, y un plan sólido que sirva para navegar por las condiciones que impone la realidad.

“No hay plan que sobreviva al contacto con el enemigo”, advirtió H. Von Moltke. De la misma forma, no hay plan de negocios que sobreviva al primer contacto con el Mercado. Los grandes líderes no se quedan aferrados a estrategias que han caducado. Tienen un proceso para adaptarlas. Siempre están colaborando con sus equipos para integrar nueva información, comprender los cambios y decidir cómo proceder.

No hay cura pero…

Según John Cleese, la vida es una enfermedad terminal. Sin embargo hay cosas que se pueden hacer para vivir major y más tiempo, tales como ejercicio y dieta.

De la misma forma, toda organización, está sujeta a desorganizarse. No hay cura definitiva para la ausencia de alineamiento. Aún así hay cosas que se pueden hacer. Se puede ayudar a la organización y a todos los que la integran a sobrevivir y sobrepasar situaciones difíciles a través de un propósito, principios y un plan.

Este consejo es simple, pero no es fácil de ejecutar, tal como ponerse a dieta. No esperen hasta mañana para implementarlo, a no ser que quieran ser la próxima víctima.

 

 

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