24 Feb 2013

El Autor

Es un entusiasta de la web 2.0 y del marketing 360º. Vive en Madrid y sus pasatiempos son jugar al Squash, volar en Paramotor. "El storytelling me parece la forma más efectiva de comunicar".

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No había fumado Marihuana:

Recuerdo un par de semanas en toda mi vida que, sin saber porqué, una enorme paz se apoderó de mi. Sí, se apoderó de mi sin que yo hubiera hecho nada para conseguirla. Lo recuerdo como si fuera hoy. Llegué a casa en Río de Janeiro una noche y me senté en el balcón tranquilo a mirar el cielo. Descubrí una luna increíble. Me pregunté cómo era posible que no la hubiera visto antes. Me hizo sentir una gran satisfacción y paz. Permanecí horas mirándola sin que nada ni nadie me pudiera distraer. La luna estaba en el lugar justo, no había ningún otro lugar, ni cosa que pudiera estar ahí. Me sentí parte de ella y ella era parte mía. Había una verdadera comunión. Como la luna, todas las cosas durante esas dos semanas estuvieron en el lugar justo. Las rocas en el costado de la carretera, los árboles, las personas que aparecían o se iban, parecían formar parte de un plan perfecto. Todo era perfecto. Todo estaba perfectamente sincronizado. Las personas, los momentos, los planetas, el universo, todo formaba parte de un plan magistral en el que cada cosa cumplía un rol de forma perfecta e insustituible. No tenías ninguna pregunta. La realidad era la respuesta a todo.

Recuerdo el tormento que me producía, apenas unos días antes, leer el Nuevo Testamento. No conseguía entender nada. Nada tenía sentido. Pero en ese período mágico lleno de curiosidad volví a bucear en sus páginas. Todo estaba clarísimo. No me cabía duda alguna de lo que decían los textos. Todo parecía fluir.

La magia no sólo se vivía desde dentro, los de afuera tenían la capacidad de ver lo que pasaba dentro mío. La gente veía a través de mis ojos la paz que estaba experimentando. Las cosas más mundanas se trasformaron en trascendentes. Salí campeón sudamericano de squash. Experimenté un cambio en mi vida superior a cualquier otra cosa que me hubiera pasado (el squash fue una anécdota).

La gente que me quería lo notaba y la que no, lo notaba más. Los ojos son la ventana del alma, lo sé porque lo viví. De eso no me cabe ninguna duda.

El problema es que ahora sé qué es lo que busco. Y basta con buscar algo específico como para no encontrarlo jamás. Y no sé cómo hacer para buscar algo que se apodere de mí de esa forma. Sin estar prevenido. Una búsqueda desnuda de resultados, de formas y de fórmulas.

1 Comentario
1 Comentarios
  1. segui escribiendo, lo haces muy pero muy bien, es muy real.

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