06 Ago 2013

El Autor

Es un entusiasta de la web 2.0 y del marketing 360º. Vive en Madrid y sus pasatiempos son jugar al Squash, volar en Paramotor. "El storytelling me parece la forma más efectiva de comunicar".

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Recuperar la Paz

No puedo dejar de pensar en el policía que murió en la balacea de Pocitos. Un tipo con familia, laburante, que por proteger a los ciudadanos de los animales que creen que un revólver les da el derecho a violentar a la gente, ha dejado de existir.

¿Dónde está el consuelo? Los periodistas escriben sus editoriales, hablan de culpables, de causas, de realidades sociales y demás yerbas, pero nadie habla de la vida de una familia que quedó definitivamente truncada.

El hecho es terriblemente injusto. Por hacer su trabajo perdió la vida frente a la demencia de cuatro animales que, según testigos, no tuvieron reparo en –rematar- al agente que yacía herido.

Podemos mirar para atrás e intentar entender el motivo por el cual pasan estas cosas; podemos mirar para atrás y echarle la culpa a la población por no haber advertido que se estaba cultivando una carroña social en nuestro país y, paradójicamente, ahora se tienen que hacer cargo.

Pero la realidad es que hay que mirar para adelante. Tomar todas las medidas para que se mejore la inclusión social en nuestro país, pero combatir con la mayor severidad los desvíos de conducta mínima aceptable en una sociedad. Hay que acabar con la violencia haciéndoles saber a los malvivientes que esta sociedad no tolera ni un poco de delincuencia más. No queremos ser más rehenes pasivos. Estamos hartos de salir de nuestras casas con miedo.

Queremos dejar claro que no queremos seguir viviendo en estas condiciones. Estamos hartos de leer que nuestro país es uno de los más seguros del continente. ¡Mentira!

La seguridad no se mide por la cantidad de asaltos, se mide por el miedo que tiene la población. 10 de cada 10 uruguayos dicen pensar en la inseguridad una media de 5 veces al día. Esa unidad de medida es la verdadera unidad sobre la cual se debe medir la seguridad de un país.

Robos hay en todos lados, incluso en Dinamarca, Finlandia y Noruega; pero sus habitantes no piensan todos los días en que pueden sufrir un asalto. No ocurre esto ni en Estados Unidos.

Un pueblo con miedo no es un pueblo con paz. Los ladrones no sólo han deshecho la tranquilidad de los uruguayos, les han quitado la paz. Y un pueblo sin paz no progresa; es un pueblo contraído que vive a la defensiva.

Queremos un poder ejecutivo que actúe con la contundencia que requieren las condiciones actuales. No queremos oír más hablar de delincuentes pidiendo por sus derechos mientras pisotean los de los demás. Si hay que dar palo habrá que dar palo. No nos puede temblar el pulso.

Volvamos todos a llevar nuestra cédula en el bolsillo, tengamos la dignidad de dejarnos identificar por controles policiales para que nos revisen, para demostrar que no escondemos armas entre las ropas.

Dejemos atrás los viejos fantasmas de la dictadura. En la situación que vivimos necesitamos mayores controles para identificar a los malandros que andan prófugos y armados, eso no nos hace menos demócratas ni menos amantes de la libertad. Si queremos un país libre de ratas, los buenos ciudadanos, debemos identificarnos a viva voz, y demostrar que llevamos encima nada más que el deseo irrenunciable de VIVIR EN PAZ.

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