29 Jul 2013

El Autor

Es un entusiasta de la web 2.0 y del marketing 360º. Vive en Madrid y sus pasatiempos son jugar al Squash, volar en Paramotor. "El storytelling me parece la forma más efectiva de comunicar".

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Rubia

Desde que nació Magdalena sus padres han intentado que su vida sea lo más normal posible, y que se integre al mundo que la rodea y la rodeará toda su vida.

La tarea no es fácil. El principal inconveniente no son los niños sino los padres y la carga de perjuicios que llevan sobre sus hombros.

Magdalena no fue aceptada en una clase de ballet ante la posibilidad que los padres de las demás niñas consideraran que sus hijas se vieran perjudicadas por la lentitud del aprendizaje de una niña con el síndrome de Down.

Magdalena es una niña cuyos rasgos más sobresalientes son una sonrisa encandiladora y un deseo inagotable de jugar.

Hace unos días su madre invitó a una compañerita de clase a pasar la tarde y la madre de la invitada, al llegar, contó la historia más extraordinaria que he oído en mucho tiempo. Preocupada el tipo de relacionamiento que podría tener su hija normal con una niña especial como Magdalena, le pregunto a su hija cuando la llevaba en el coche -“¿cómo es Magdalena?”.-

La niñita, mirando por la ventanilla y sin darse vuelta le contestó de forma natural: “rubia, mamá”.

El cuento me resultó fascinante porque contrastó con todo lo que hubiéramos podido esperar como adultos. Demostró la ausencia de prejuicios que tienen los niños.

Los adultos estamos llenos de información en nuestro sub-consiente que nos limita de forma asombrosa la capacidad de ver la realidad que nos rodea.

Tenemos una caja llena de etiquetas que inmediatamente pegamos a todo lo que se cruza en nuestro camino. Como si fueran post-it vamos aplicando a todos los eventos y personas un juicio.

Es una costumbre que se va acrecentando con los años a medida que vamos acumulando experiencias.

Es un acto atávico que pretende defendernos de las amenazas. Es información del pasado que traducimos al presente para diferenciar lo que nos puede hacer daño de lo que no.

Los seres primitivos lo utilizaron como un sistema de defensa frente a las amenazas. Los que no lo hicieron no superaron la selección natural. La era glaciar se llevó por delante a todos los que no tomaron medidas para escapar a tiempo.

En general, y por lógica, hemos aprendido a temer a todo lo que se aleja de lo normal, a todo lo diferente.

Este sistema de defensa no sólo nos ha permitido sobrevivir sino que también nos ha limitado la capacidad de apreciar muchas cosas maravillosas que, por diferentes, nos resultan peligrosas.

El mundo que viene en el futuro próximo, va a requerir de mucha creatividad e intuición. Ya no servirán las experiencias del pasado para solventar los desafíos; no habrá respuestas correctas a las preguntas que tendremos que contestar. Vamos a tener que aprender vivir con la diversidad como norma.

Ojalá que muchos logremos ver a una rubia cuando veamos a una niña como Magdalena.

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